Cabecera del departamento del mismo nombre, la ciudad de Cafayate se encuentra
a 1.600 metros de altura sobre el nivel del mar. El pueblo que le dio
origen fue fundado en 1826 por disposición de doña Josefa
Frias de Uriburu, con especial orden de construir una bella iglesia. El
templo. curioso por sus cinco naves, conserva una imagen de Nuestra Señora
del Rosario, que se muestra sentada, por lo que los cafayateños
la han bautizado cariñosamente y respetuosamente La Sentadita.
Para llegar a Cafayate debe atravesarse desde la capital de Salta un camino
que es toda una maravilla. El viento ha actuado como hábil escultor,
dando al viajero espectáculos de notable belleza, tales como El
obelisco, El monje, El sapo. El anfiteatro,
La garganta del diablo, Los castillos, cincelados
en plena montaña multicolor.
Dotado de todo el confort que
exige el turismo moderno, Cafayate cuenta con hoteles y residenciales
de gran calidad, restaurantes y confiterías, hospital, correo,
sucursales bancarias, y en fin, cuanto se necesita para sentirse bien.
Además, hay campings para
la practica de diversos deportes. Pueden apreciarse allí delicados
vinos, tanto tintos como rosados y blancos, que se elaboran en bodegas
que, rodeadas de inmensos viñedos, pueden ser visitadas para adentrarse
en los secretos de la vitivinicultura. Estos vinos gozan de alto prestigio
nacional y han ganado distinciones extranjeras. Cafayate es toda una convocatoria
para el turismo. Dicece que quien no conoce Cafayate no conoce Salta,
y algo hay de cierto en ello.
Entre los tantos atractivos con
que cuenta ese paraíso vallisto que es Cafayate se destaca un paseo
que el visitante, de la mano de un complejo cultural - histórico
allí montado, puede disfrutar para llegar a adentrarse en la historia
de la vitivinicultura de Salta.
En efecto, existe allí
un museo de la vid y el vino, que exhibe maquinarias que se usaron en
tiempos pretéritos, desde antiquísimos noques de cuero que
se empleaban para moler la uva, pisándola, hasta las moledoras
Garela, que fueron incorporadas en 1950, importadas de Francia.
Están también a
la vista los diferentes medios de transporte que usaba la industria, como
así tinajones que datan de fines del siglo pasado que eran utilizados
para la fermentación de los mostos.
Por supuesto, no se ha olvidado
allí la inmortal figura de doña Josefa Antonia Frías
de Aramburu, fundadora de Cafayate, como así reseñas históricas
de personajes que contribuyeron en gran medida a hacer lo que ese sitio
es en la actualidad, auténtico imán que atrae anualmente
a miles de personas motivadas por el encanto del paisaje, la benignidad
del clima y las innumerables connotaciones que saltan a la vista en cada
calle, en cada cerro, en cada recodo del camino.
Visitar este museo es empaparse
de la historia del lugar y su preponderante industria, que nacida al conjuro
de una actividad exclusivamente artesanal ha ganado los principales mercados
del mundo, gracias a productos cuya calidad es hoy reconocida por los
más exigentes paladares.
Estar en Cafayate y no ver este
museo es como levantar la vista y no mirar el cielo. Es un verdadero baño
de cultura y una invitación a introducirse en hechos que fueron
marcando jalones impredecibles de la historia vallista.
La superficie departamental de
Cafayate es de 1.820 kilómetros cuadrados, que representan el 1,2
por ciento del territorio provincial.
Otras localidades que integran
la jurisdicción cafayateña, son Tolombón, Yacochuya,
Lorohuasi, La Rosa y Las Conchas.